El Día Mundial del Sueño recuerda la importancia de un descanso de calidad y alerta del impacto del cambio de hora en nuestros ritmos biológicos
Dormir bien es uno de los pilares fundamentales para mantener una buena salud física y mental. Sin embargo, cada vez más personas experimentan dificultades para conciliar o mantener el sueño. Con el objetivo de concienciar sobre la importancia del descanso, el Día Mundial del Sueño, promovido por la World Sleep Society, se celebra cada año en marzo para recordar que la calidad del sueño es un elemento clave para el bienestar.
Los datos reflejan que los trastornos del sueño son cada vez más frecuentes. Según la Sociedad Española de Neurología, entre el 20 % y el 30 % de la población adulta en España sufre insomnio, y cerca de cuatro millones de personas lo padecen de forma crónica. La falta de descanso no solo provoca cansancio o falta de concentración al día siguiente, sino que también puede aumentar el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, metabólicas o trastornos del estado de ánimo.
Los especialistas recuerdan que un adulto debería dormir entre siete y nueve horas al día para garantizar un descanso reparador. Cuando estas horas no se alcanzan o el sueño se interrumpe con frecuencia, el organismo no completa correctamente sus ciclos de recuperación física y mental.
El cambio de hora también afecta
A estas dificultades se suma un factor estacional que puede alterar el descanso de muchas personas. A finales de marzo se producirá el cambio al horario de primavera-verano, una modificación que implica adelantar los relojes una hora y que puede generar durante varios días un pequeño desajuste en el ritmo biológico.
Este fenómeno, similar a un leve “jet lag”, puede provocar somnolencia durante el día, dificultad para conciliar el sueño o sensación de cansancio, especialmente en niños, personas mayores o quienes ya presentan problemas de descanso. Aunque el organismo suele adaptarse en pocos días, mantener horarios regulares y una buena higiene del sueño puede facilitar esa adaptación.
Rutinas para dormir mejor
Mantener hábitos saludables es fundamental para favorecer un descanso de calidad. Establecer horarios regulares para acostarse y levantarse ayuda al organismo a regular su reloj biológico y facilita conciliar el sueño de forma natural.
La alimentación también influye. Los especialistas recomiendan cenas ligeras y evitar sustancias estimulantes como el café, el alcohol o el tabaco en las horas previas a dormir, ya que pueden interferir en los ciclos del sueño. Asimismo, aunque el ejercicio físico es beneficioso, conviene evitar la actividad intensa poco antes de acostarse.
Otro factor cada vez más relevante es el uso de dispositivos electrónicos. La exposición a la luz azul emitida por móviles, tabletas o televisores puede alterar la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño, por lo que se aconseja reducir el uso de pantallas al menos una hora antes de ir a la cama.
El entorno también influye
Las condiciones del dormitorio influyen directamente en la calidad del sueño. Un espacio tranquilo, bien ventilado y con una temperatura entre 18 y 20 grados favorece un descanso más profundo.
La oscuridad y la ausencia de ruidos también contribuyen a que el organismo entre en las fases más reparadoras del sueño. Crear un ambiente relajante y reservar la cama exclusivamente para dormir ayuda a reforzar la asociación entre el dormitorio y el descanso.
Cuando se convierte en problema
Dormir mal de forma puntual es relativamente habitual, especialmente en periodos de estrés o cambios en la rutina. Sin embargo, cuando la dificultad para conciliar o mantener el sueño se prolonga durante semanas, puede tratarse de insomnio, un trastorno que conviene valorar con profesionales de la salud.
Técnicas de relajación, ejercicios de respiración o escribir las preocupaciones antes de acostarse pueden ayudar a reducir la activación mental que impide descansar. Si el problema persiste, es recomendable consultar con especialistas que puedan identificar las causas y establecer el tratamiento más adecuado.
En definitiva, cuidar el sueño es cuidar la salud. Mantener hábitos que favorezcan un descanso de calidad no solo mejora el bienestar diario, sino que también contribuye a prevenir enfermedades y a mantener un equilibrio físico y emocional a largo plazo.




