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La presión mecánica del bombeo cardíaco bloquea el crecimiento de células tumorales

Mientras los tumores afectan con frecuencia a órganos como el pulmón, el colon o la piel, los casos de cáncer cardíaco son extraordinariamente raros. Hasta ahora, las explicaciones apuntaban a la baja capacidad de regeneración de sus células o a su posición protegida en el tórax. Sin embargo, un nuevo estudio del Centro Internacional de Ingeniería Genética y Biotecnología de Italia liderado por Giulio Ciucci introduce un factor decisivo: el movimiento constante del latido, es lo que protege a este órgano vital e impide la proliferación de tumores.

La fuerza que frena a las células tumorales

El trabajo demuestra que la presión mecánica que genera el corazón al bombear sangre no solo cumple una función circulatoria. Esa tensión continua altera la actividad genética de las células cancerosas, impidiendo que se multipliquen. El entorno cardíaco se convierte así en un espacio hostil para el cáncer, no logrando éste adaptarse ni proliferar con normalidad.

Para comprobar esta hipótesis, los investigadores compararon dos escenarios: un corazón en funcionamiento y otro que, pese a recibir riego sanguíneo, no estaba sometido al esfuerzo del bombeo. El contraste fue evidente. En el primero, las células tumorales no prosperaban. En el segundo, crecían con rapidez. La diferencia no estaba en el tejido, sino en la carga mecánica.

El papel de la Nesprina-2

En el centro de este mecanismo se encuentra la proteína Nesprina-2, que actúa como un sensor capaz de traducir la presión física en señales biológicas. Cuando detecta el movimiento del latido, modifica la estructura del material genético de la célula y silencia los genes asociados al crecimiento tumoral. Sin esta proteína, las células recuperan su capacidad de dividirse incluso en condiciones adversas.

El hallazgo abre una nueva línea de investigación dentro de la mecanobiología, centrada en entender cómo las fuerzas físicas influyen en el comportamiento celular. Investigadoras como Serena Zacchigna apuntan a “la posibilidad de replicar estos estímulos en otros tejidos mediante tecnología médica. El reto ahora es descifrar si podemos «engañar» a las células tumorales en otras partes del cuerpo para que crean que están en un corazón que nunca deja de latir”.

Aunque aún se trata de una fase experimental, el estudio refuerza la idea de que el corazón no solo es un órgano esencial para la vida, sino también un entorno biológico singularmente protegido.

La importancia de cuidar el corazón

Este tipo de avances pone de relieve la complejidad del sistema cardiovascular y la necesidad de mantenerlo en buen estado. En este contexto, los y las especialistas de la Unidad de Cardiología de la Clínica Euskalduna trabajan en la prevención, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades cardíacas, con un enfoque integral que sitúa al paciente en el centro.

Porque “comprender cómo funciona el corazón es también una forma de anticiparse y proteger la salud a largo plazo”

FUENTES: ABC, Imagine Comunicación