Afecta ya a medio millón de personas en todo el Estado y no la causa el uso abusivo de pantallas digitales sino la pérdida de elasticidad del cristalino
La presbicia, conocida como vista cansada, no es una enfermedad, sino un proceso fisiológico natural ligado al envejecimiento. Se trata de la pérdida gradual de la capacidad de los ojos para enfocar objetos cercanos, un fenómeno que afecta ya a 15 millones de españoles y que suma medio millón de nuevos diagnósticos cada año. Aunque los pacientes con miopía suelen aparecer los síntomas algo más tarde.
El origen del problema reside en el cristalino, la lente natural del ojo. Con el paso del tiempo, esta estructura pierde la elasticidad necesaria para cambiar de forma y enfocar con nitidez las distancias cortas. Es en este punto donde aparecen los síntomas clásicos: dificultad para leer la letra pequeña, fatiga visual y la necesidad instintiva de alejar los textos para poder distinguirlos.
Existe la creencia de que el uso excesivo de pantallas de ordenador provoca la presbicia. Sin embargo, los oftalmólogos aclaran que la tecnología no es la causa, sino el detonante que nos hace ser conscientes del problema mucho antes debido a la alta exigencia visual del entorno digital.
Tratar frente a curar
En el ámbito médico, es fundamental distinguir entre patologías curables y condiciones tratables. Mientras que las infecciones se curan y las cataratas se operan, la presbicia al igual que la diabetes o la hipertensión se trata. No existe una cura definitiva que devuelva la juventud al cristalino, pero sí un abanico de soluciones para recuperar la calidad de vida.
Las opciones tradicionales pasan por el uso de gafas monofocales, bifocales o las populares lentes progresivas, además de las lentes de contacto multifocales. Para quienes buscan una solución más permanente, la cirugía refractiva ha avanzado notablemente. Aunque por ahora no restaura totalmente la capacidad de acomodación original, técnicas como el implante de lentes intracorneales o intraoculares permiten reemplazar el cristalino natural y mejorar drásticamente la visión cercana.
Diferencias con la catarata
Es habitual que los pacientes confundan la presbicia con la catarata, ya que ambas afectan al cristalino y aumentan con la edad. No obstante, la diferencia es clara: en la presbicia el cristalino pierde elasticidad, mientras que en la catarata lo que pierde es la transparencia, volviéndose opaco.
Debido a que ambos problemas suelen coincidir en el tiempo, la cirugía actual ofrece una ventaja estratégica: en muchos casos, una sola intervención quirúrgica puede solucionar ambas condiciones a la vez, devolviendo al paciente una visión clara y funcional.
Ante los primeros síntomas, los especialistas recomiendan una valoración personalizada para determinar la intensidad del problema y el tratamiento más adecuado para cada estilo de vida.
Si precisa de una valoración médica de confianza, Acuda a la Unidad de Oftalmología de la Clínica Euskalduna.




