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La reproducción asistida vive su mayor salto tecnológico en décadas y dos avances españoles lideran el cambio

Los laboratorios de reproducción asistida españoles han incorporado en los últimos meses sistemas de inteligencia artificial capaces de seleccionar el candidato más viable con una precisión del 90%, sin necesidad de biopsia. Al mismo tiempo, especialistas de la Fundación Carlos Simón para la Investigación en Salud de la Mujer, lograron en marzo de 2026 mantener un útero humano donado con vida fuera del cuerpo durante 24 horas. Ambos avances coinciden en el mismo objetivo: reducir los fallos de implantación que siguen frustrando uno de cada dos fecundaciones in vitro, y abrir líneas de investigación sobre endometriosis, miomas y embarazo que hasta ahora eran imposibles de estudiar sin intervenir directamente en el cuerpo de una paciente.

La IA elige el embrión sin tocarlo

El principal obstáculo de la fecundación in vitro no es crear el óvulo fecundado, sino elegir el correcto. La técnica estándar hasta ahora, el diagnóstico genético preimplantacional para aneuploidías (PGT-A), detecta alteraciones cromosómicas con eficacia probada, pero exige una biopsia del cigoto: un procedimiento invasivo, costoso y con riesgo de dañar el tejido que se quiere preservar. Los nuevos sistemas entrenados con miles de imágenes de la célula en distintas fases de desarrollo analizan patrones morfológicos invisibles para el ojo humano y generan una puntuación de viabilidad sin tocar el embrión.

El estudio presentado en el Congreso de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología (ESHRE) analizó más de 2.500 unidades y alcanzó una precisión del 90% en la identificación de los cromosómicamente normales, una cifra que se aproxima a la que ofrece la biopsia convencional. En mujeres mayores de 35 años, donde las alteraciones genéticas son más frecuentes, el modelo resultó especialmente útil para predecir qué blastocitos resultarían viables. En el Instituto Bernabéu, estos modelos se integran además con datos genéticos y clínicos para priorizar embriones sin biopsia en todos los casos.

Evitar fallos repetidos

Para las parejas con previas complicaciones en la implantación o repetidos abortos con material genético de aspecto normal, la combinación de estos nuevos métodos con el análisis de fragmentación del ADN espermático está cambiando el protocolo diagnóstico en las unidades más avanzadas. Ya no se espera a un tercer fallo para investigar: se actúa desde el primero. Un ciclo de fecundación in vitro con diagnóstico genético preimplantacional en clínica privada oscila entre los 4.000 y los 7.000 euros en España, y la cobertura de la Seguridad Social se limita a tres ciclos en mujeres menores de 40 años sin hijos previos, según los criterios recogidos por la Sociedad Española de Fertilidad. La inteligencia artificial no elimina esa barrera económica, pero sí puede reducir el número de ciclos necesarios al mejorar la selección del embrión desde el primer intento, lo que en la práctica representa un ahorro significativo tanto en coste económico como en coste emocional para la pareja.

Más allá de los ciclos de FIV convencionales, estos avances tienen implicaciones directas para el estudio de causas de infertilidad que permanecen sin diagnóstico claro. La endometriosis, que afecta a una de cada diez mujeres en edad fértil, y los fallos de implantación de origen endometrial siguen siendo dos de los grandes enigmas de la medicina reproductiva. La posibilidad de estudiar el tejido uterino en condiciones controladas fuera del cuerpo abre una vía de investigación que podría, en los próximos años, traducirse en tratamientos más precisos para esas pacientes.

La máquina llamada «Madre»

El dispositivo desarrollado por los investigadores Javier González y Xavier Santamaría en la Fundación Carlos Simón, apodado «Madre» y denominado técnicamente PUPER (Preservation of the Uterus in Perfusion), es una máquina metálica de unos 100 centímetros de altura llena de tubos que simulan venas y arterias. Esos conductos bombean sangre humana, oxígeno y nutrientes al útero donado, reproduciendo artificialmente la función del corazón y los pulmones. El órgano se coloca inclinado, tal como está en el cuerpo, en un entorno húmedo para preservar su hidratación. La conexión debía completarse en un máximo de dos horas desde la extracción para evitar que el tejido se deteriorara de forma irreversible. Ningún órgano de esta complejidad había sobrevivido durante tanto tiempo en un circuito artificial de estas características.

El objetivo a corto plazo del equipo es extender esa supervivencia hasta los 28 días, lo que equivale a un ciclo menstrual completo. Con ese margen, los investigadores podrían estudiar en tiempo real cómo un embrión se adhiere al endometrio, cómo se desarrollan los miomas o qué ocurre exactamente en el tejido uterino durante un episodio de endometriosis, sin que ninguna paciente tenga que someterse a procedimientos invasivos. Lo que ya no admite duda es que la medicina reproductiva ha dejado de operar a ciegas: por primera vez, tiene herramientas para ver lo que ocurre dentro del útero, seleccionar la unidad más viable antes de transferirla y actuar sobre las causas del fallo antes de que vuelva a producirse.